Sonreir cuando se está triste solo da más ganas de llorar

viernes, 25 de diciembre de 2009

Cápitulo 1 - Secretos



Ya han pasado años desde esa mañana del 5 de Octubre, esa mañana tan especial que cambió mi vida por completo. Esa mañana de mi octavo cumpleaños...

Me desperté con antelación, nerviosa como cada año aunque sabía que me esperaría lo mismo, una tarta de chocolate y nata dos regalos y por supuesto tortitas. Abrí los ojos despacio con un gran peso en ellos. Era la primera vez que me despertaba el día de mi cumpleaños tan cansada. Miré el reloj. ¡¿Las 4?! Nunca me había despertado tan pronto en mi vida. Me giré y volví a cerrar mis ojos intentando dormir aunque no estaba segura de ser capaz.

Unos ruidos extraños llamaron mi atención. Pasos, voces... ¿Había entrado alguien en mi habitación? Imposible no había oído la puerta. Abrí los ojos asustada, pero lo que vi comparado con lo que pensaba hace que me ría.
Era una criatura pequeña que me miraba sonriente, feliz. Yo no podía quitar mi mirada de la cosa que me miraba satisfecha mientras mis ojos demostraban un miedo nunca visto pero lo que más me tocó en ese momento fue la curiosidad. ¿Qué era esa cosa? Estaría soñando...
Volví a girarme y cerré los ojos.
- ¡Hola! - Una voz aguda y baja acababa de hablar. Me volví rápidamente y ahí estaba la cosa en la misma posición. - Ángela, soy Kate. Me alegro de conocerte, estaba muy nerviosa, no sabía si tenía que hablarte o quedarme callada pero he decidido hablar. - Seguía mirándome sonriendo como si todo fuera normal. Yo me senté y alcé la mano hacia la cosa. Si no me hacía nada, no era malo. Lo toqué esperando que me mordiera pero no hizo nada. Yo solo sonreí feliz de que fuera inofensiva. Ella esta vez era la que me miraba escandalizada, como si nos hubiéramos cambiado los puestos.
- Hola Kate. ¿Qué eres? - Sonreía, no sabía lo que era en aquel entonces pero yo suponía que era un ángel o un hada. Pues era hermosa. Tenía el pelo largo y oscuro echado a un lado en una larga coleta. Sus ropas eran muy modernas una mini falda con un top. En la mano llevaba un micrófono pero lo que más me llamó la atención eran sus halas. Eran pequeñas alas de seda de un color blanco rosado. Era hermoso verla. Había una cosa que me asustaba tenía el mismo color de pelo negro carbón y los mismos ojos azul mar.

Su mirada era asustada. Parecía horrorizada. No sabía lo que le pasaba así que me acerqué sonriendo y me senté enfrente de mi mesita donde ella estaba sentada. No paraba de mirarme. ¿Cómo podía yo asustarla? Era ella la que estaba en mi habitación. Era yo quien acababa de conocer a una cosa rara. Le pregunté que le pasaba, y su respuesta no respondía a mi pregunta:
- ¿Tú... Tú me ves? - Su voz estaba alarmada. Yo no entendía pero asentí. Claro que la veía, ¿cómo no iba a verla?
- Kate, yo soy Angie. ¿Eres un ángel? Eres muy guapa, pero eres rara, no tienes el aro en la cabeza, y tu ropa es muy, muy rara.
- Yo... Yo no soy un ángel... - Tragó saliva, parecía asustada todavía, como si no se pudiera creer lo que hacía. - Soy tu yo interno. Soy un Anima. Cuando cumples ocho años aparezco para ayudarte, para enseñarte lo que hacer, para que seas tu misma. Una criatura que te quiere y te apoya. Soy lo que tú eres de verdad. Pero... tu no deberías verme. Se supone que no me ves... se supone que soy como tu "conciencia".
- Un Anima... Yo soy una persona, aunque a veces Samantha dice que soy un animal pero mamá dice que no la escuche. Hoy es mi cumpleaños. Cumplo ocho. - La miré orgullosa de mi misma. Yo pensaba que docho era ser mayor. Aunque no entendía lo que era un "yo interno" no me importaba. Había conocido a un hada. Eso era el regalo más grande que podía haber pensado en tener.
- Sí, lo sé, por eso estoy aquí. - Ya no parecía asustada si no que me miraba sonriendo, una sonrisa cálida. - Bueno, es mejor que te duermas. Es muy pronto todavía.
Yo me giré sonriendo y cerré los ojos hasta que me sumí en un sueño.

Me desperté nuevamente y miré a mi alrededor para ver si seguía el hada en mi habitación. Y allí estaba, dormida en mi almohada. La miré sonriendo. En verdad había un hada en mi habitación. Era extraordinario.

Me fui al cuarto de mi madre de puntillas procurando no hacer ruido. Cuando entré en la habitación cojí del brazo a mi madre y la empecé a mover.

- Mamá, mamá. Mami, despierta. Hay una sorpresa en mi habitación. Mamá, ¿me escuchas? ... ¡Mamá!

- Angie... - Me miraba con los ojos entrecerrados. - ¿Qué pasa?

- Ven mamá, hay una sorpresa en mi habitación. -suspiró y se levantó.

- Porque es tu cumpleaños. Vamos a tu cuarto.

La llevé a mi cuarto corriendo. Quería que la viera. Quería que viera ese hada tan hermoso como un ángel.

Apunté hacia Kate sonriendo.

- Has visto, es un hada.

- ¿Qué dices? No hay nada. - Me miró preocupada mientras yo miraba a Kate exstrañada y a mi madre. - Mira, es pronto. Me voy a dormir, después hablaremos sobre... "eso".

- Pobre Ángela. Felicitala, es su cumpleaños. - Un susurro extraño. Una voz familiar. Se parecía a la de Kate.

Me giré rápidamente. Y allí estaba. Otro hada sentada en el hombro de mi madre. La miré. Tenía el pelo marrón y corto. Iba vestida de oficina pero con un gorro de fiesta. La ropa era una minifalda de rayas y con una camiseta bien puesta pero con una corbata deshecha y tenía las mismas alas de seda que Kate solo que de un color más oscuro.

- ¡Tú! Mamá, tienes otro hada en tu hombro. Mira, mira. - Me acerqué y la apunté con el dedo mientras el hada me miraba con la misma mirada que Kate.

- ¡Angie! Basta ya. Me estas preocupando. No-hay-nada. Por favor. Me voy a dormir. ¿Tienes fiebre? - Me tocó la frente y después se fue de mi habitación despacio y adormilada.


¿Cómo? Pero, yo las veía. ¿Era la única que las veía, o solo era mi madre que no las veía? Me giré hacia Kate. Alomejor estaba loca. No sabía que pensar pero desperté a Kate mientras me temblaba la mano.

- ¿Angie? Hola. ¿Que te pasa? - Me miraba preocupada. Me toqué la cara y noté unos huespedes que hacía tiempo que no venían. Lágrimas. Estaba llorando pero no me había dado cuenta. Me quité las lagrimas y cogí aire.

- Mi madre no te vé. La traje aquí y le dije que estabas pero no te vé. Ella tiene otro como tú. Un A-- algo. ¿Estoy loca? O, ¿solo puedo verlos yo? No se qué pensar.

- Angie. Hay unas personas que nos ven. No sabemos por qué ni cómo. Son muy pocas las personas que nos ven. Algunos creen que es porqué esas personas tienen una buena percepción de las cosas, otros porque estan destinados a algo, y muchas más. Por eso se tiene que mantener en secreto. Si me hablas, tienes que hcerlo cuando no te vean. Yo puedo leer tu mente pero tu no la mia.

- Vale creo que lo entiendo. Pero será difícil eso de hablarnos sin que nos vean y tal. ¿Todos las personas cuando cumplen ocho reciben a alguien como tú? ¿Sophia tambien tendrá a alguien como tú? Ella tiene un año.

- Sí. Todos lo tienen. Seguro que tu hermana tendrá a alguien como yo.

Hoy, 15 de Enero, mi hermana Sophia cumple ocho años...



2 comentarios:

  1. ...traigo
    sangre
    de
    la
    tarde
    herida
    en
    la
    mano
    y
    una
    vela
    de
    mi
    corazón
    para
    invitarte
    y
    darte
    este
    alma
    que
    viene
    para
    compartir
    contigo
    tu
    bello
    blog
    con
    un
    ramillete
    de
    oro
    y
    claveles
    dentro...


    desde mis
    HORAS ROTAS
    Y AULA DE PAZ


    TE SIGO TU BLOG




    CON saludos de la luna al
    reflejarse en el mar de la
    poesía...


    AFECTUOSAMENTE:
    LA VISTA OSCURA


    ESPERO SEAN DE VUESTRO AGRADO EL POST POETIZADO DE CABALLO, LA CONQUISTA DE AMERICA CRISOL Y EL DE CREPUSCULO.

    José
    ramón...

    ResponderEliminar